Otra Vez Será

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No ataca Boca. Ataca su instinto. Porque pierde. Porque es un clásico. Porque no le queda otra. Y aun así, ataca poco. Demasiado poco, si por ataque se entiende generar una situación de gol. Palermo lucha en el aire con los centrales de River. Lucha, claro, porque juego y centros no le llegan. Otra vez Martín sufre la falta de asistencia. Palacio quiere, pero no puede. Pierde con Ponzio, una, dos, tres veces. Y se enoja. Con él. Con Baldassi. Con el ocasional lateral izquierdo de River. No es normal verlo a Rodrigo así, con tanta bronca. Pero tampoco es casual. Es todo un síntoma.Así se fue la tarde de Boca en el Monumental: a contramano. Así se fueron sus chances de lastimar, de preocupar, de descontar, porque jamás pudo pensar en el empate (en realidad, siempre estuvo lejos de todo). Además de impotencia, hubo muy pocas ideas. Y llegadas. Apenas dos con cierto riesgo para Carrizo. Las dos en los pies de Morel, otro resumen del escaso peso ofensivo del equipo: un tiro libre que encontró al arquero de River bien parado y un zurdazo en el final del partido (tras una pelota que le bajó Palermo), que también terminó en los guantes del 29.

Antes del partido de ayer, sólo en tres encuentros Boca no había convertido goles en lo que va del torneo (Central, Colón y Newell”s), pero en ninguno tuvo tan pocas chances como ayer. Influyó que tuvo un jugador menos y las características de ese jugador. Pero en ningún momento mostró decisión, ni profundidad, ni desborde. ¿De todo eso tuvieron la culpa Palacio y Palermo? Claro que no. Ninguno funcionó en lo suyo, pero tanto como ellos, lo que falló fue, claramente, el circuito ofensivo. Porque Gracián no fue ni conductor ni generador de fútbol, porque Neri no pesó ni pasó y porque Ledesma tampoco rompió ni provocó.

Todo eso llevó a que Palermo tuviera que retrasarse para intentar pivotear y, de todos modos, lo hizo poco y sin resultado. En el área, casi no tuvo acción: apenas un centro de Morel que Martín buscó cabecear y terminó desestabilizado. Es decir, ni siquiera contó con una chance clara de arriba (a diferencia de lo que había pasado ante Newell’s, cuando a pesar de que el equipo jugó mal, igual tuvo dos). En el aire, entonces, perdió casi siempre con Sánchez y Tuzzio. Y en ese contexto, Palacio no sólo no pudo asistirlo sino que también le faltó la explosión de otros partidos. A su favor: jugó demasiado solo, con muy poco margen de descarga por la buena marca y presión rival. Poco pudo hacer, en definitiva, para quebrarla. Y Boca, así, se quedó sin armas ofensivas. Justo en el partido que más las necesitaba.

Olé

Besos

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