Boca Vive En Palermo

La mostraban como emblema en el imponente Jalisco los doscientos hinchas de Boca que vieron en vivo y en directo el doble hito en azul y amarillo. Otro hito de Boca. Y de Palermo. Ellos, los que alentaron detrás de un arco, resolvieron colgar una bandera con el rostro de Martín gritando un gol, acompañado por una frase: “Gracias por tantas alegrías”. Soñaban con que el 9 les regalara más felicidad, pero seguro que no imaginaban que el goleador les obsequiaría tanta felicidad. Sin embargo, Boca es tan Boca, entre otras razones, porque Palermo es tan Palermo. Gigante, Palermo. Capaz también de marcar tres goles en un primer tiempo, de visitante y por la Copa Libertadores. Inmenso, Palermo. Llegando a la red con suspenso, con la pierna menos hábil o picándola como si fuese el más sutil de los definidores. Genial, Palermo. Superando los 250 goles en su carrera ayer, aquí, en un Jalisco que parecía inexpugnable. Histórico, Palermo.

Suele decir el Titán que le gustaría que se escribiera un libro sobre su historia. Es una idea más que buena. Hizo goles de todos las formas y colores.

Convirtió su gol 100 con los ligamentos de una rodilla rotos.

Lastimó a River y al mismo tiempo estremeció a la Bombonera en la Libertadores 2000, con una resolución en cámara lenta, ingresando en el segundo tiempo de un partido que había motivado en la previa al técnico rival -Américo Gallego- a insinuar que era un futbolista aún en recuperación, porque acababa de salir de aquella operación traumática.

Dos goles le hizo a Real Madrid en la final Intercontinental de ese mismo año.

Gozando una definición en España se le cayó un paredón encima y le fracturó una pierna.

De vuelta en Argentina, en Boca, tuvo la fortaleza para meterle dos goles a Banfield la misma semana en que había fallecido Stéfano, su hijito recién nacido. Esa tarde, lloró y todos se conmovieron en la Bombonera.

A Independiente le anotó un gol de media cancha. A Gimnasia, máximo rival del equipo del cual es hincha, le señaló cuatro en un partido. Y a Estudiantes, la camiseta que ama desde pequeño, tres en 90 minutos.

¿Qué más se le puede pedir a Palermo? Nada más. Porque como buen superhéroe futbolero, él se las ingenia para sorprender siempre concretando situaciones que nunca se esperan. Como lo que redondeó ante Atlas. Se esperaba que Palermo respondiera. Por sus antecedentes: el más fresco, en Belo Horizonte, hace dos semanas, clavándola de cabeza en un ángulo ante Cruzeiro, en el Mineirao. También generaba esperanzas el centrodelantero por cómo se lo observaba en la previa, muy cerca de su chiquilín predilecto -Chávez-, muy cerca de su compañero de habitación -Migliore-, muy cerca de dos jugadores que al cabo fueron titulares y necesitaban la paz de un ganador con experiencia.

Con ese panorama y con lo ocurrido ante Cruzeiro, se pensaba que Palermo no defraudaría, aunque el 8 de abril en esta cancha y contra este rival había fallado una chance clave en el arco opuesto al que ayer no perdonó, pateando afuera sin marcas, a un par de metros de la línea, sobre el cierre del primer tiempo, una ocasión dilapidada que Boca ese día pagó con la derrota. De todas maneras, aunque se creía en el 9, no figuraba en ninguna planilla de cálculos que haría tres goles en los primeros 37 minutos. Una locura real que Palermo disfrutó sin apelar tal vez a su mejor arma para definir, el cabezazo.

Hubo Palermo-gol con suspenso en el primero, a los 19: picó entre los centrales dormidos de Atlas a buscar el pase exacto de Riquelme y le pegó de zurda abajo, el arquero la manoteó, la corrió y la volvió a tocar, pero la pelota ya había cruzado la línea, ya había entrado bien despacito.

Hubo Palermo-gol con la pierna que menos sabe manejar, con la derecha, para aprovechar un pase de Palacio y cruzarla al rincón derecho del arquero Bava, que volaba desesperado para cubrir el otro palo y sólo pudo mirar cómo se concretaba el 2-0 a los 33 de esa etapa inicial.

Hubo Palermo-gol con clase en el 3-0, a los 37. Su pollo Chávez se la tocó, con la defensa jugada y con el arquero adelantado. Palermo, unos dos metros afuera del área, la recibió, la paró, miró y la picó de zurda, poniéndola arriba, en un ángulo. Una joya propia de Román, pero concretada por el Titán.

Si Boca es tan Boca es porque Palermo es tan Palermo. Es que el 9 sabe preparar y jugar estos partidos. Y tiene lo fundamental: anda por el fútbol buscando hazañas y sabe encontrarlas.

Una idea de 10
A Martín Palermo se le vence el contrato en junio. Seguro que se lo renovarán. Claro que Juan Román Riquelme tiene una idea y la contó ayer, después del partido: “Si los dirigentes hacen las cosas bien, van a renovarle el contrato hasta que Martín quiera jugar con nosotros. Ojalá que siga en Boca por mucho tiempo.”

Es palabra de gol
“Son esos días en los que te salen todas las cosas bien. Tuve las situaciones para definir y pude convertir esos tres goles. Por supuesto que en lo personal estoy muy feliz por estos goles, pero más que nada porque sirvieron para ganar este partido tan importante para Boca”.

“Vinimos con el convencimiento que teníamos que ganar el partido para seguir avanzando en la Copa. Y lo demostramos en todo momento, salimos con mucha concentración y mucha mentalidad ganadora. Se notó en la forma en que disputamos cada pelota, cómo la hicimos correr y cómo llegamos al arco de enfrente”.

“Queremos defender lo que conseguimos el año pasado: el título de campeones de la Copa Libertadores. Vamos a hacer todo lo posible para retener esta Copa. Esta victoria fue un paso importantísimo para llegar a la final. Sabemos lo que significa ser el mejor equipo de América y la intención es seguir siéndolo”.

“Fuimos ampliamente superiores al Atlas, quedó a la vista. En el balance de los noventa minutos quedó en claro nuestra superioridad. Mantuvimos el ritmo y marcamos diferencia en el juego, no sólo en el resultado. La producción futbolística del equipo fue muy buena”.

“Quiero destacar el esfuerzo de todos mis compañeros. Dan ganas de jugar con ellos. Otra vez más, defendieron la camiseta de Boca como hay que defenderla. Más alla de que ahora estén hablando todos de mis tres goles, el mérito fue de todo el equipo. La defensa estuvo muy bien, firme y segura, los volantes también cumplieron a la perfección su tarea, lo mismo que mis compañeros de ataque. Así se me hizo más fácil”.

9 números del 9

252
Hizo Palermo en toda su carrera, en partidos de As- censo y Primera, en el país y afuera. Y también en la Selección.

188
Convirtió Palermo en Boca. Está entre los cuatro máximos golea- dores de la histo- ria (amateur y profesional).

36
Gritó Palermo en el club del cual es hincha, en Estudiantes, en 99 partidos que disputó entre 1992 y 1997.

25
Anotó Palermo en su paso por España: 21 en 81 partidos en Villarreal, 1 en 12 en Betis y 3 en 14 en Alavés.

3
Festejó Palermo en su estadía en la Selección Nacional. Los hizo en 1999, con Bielsa de DT, en 7 partidos.

299
Jugó Palermo en Boca, en sus dos etapas en el club, la primera entre 1997 y 2000, y la segunda a partir de 2005.

5
Mostraron a Pa- lermo festejando 3 veces en 90 minu- tos. Es la primera vez internacional. Dos veces metió 4 en un partido.

3
Le faltan a Paler- mo para igualar a Tarasconi (191) y meterse entre los tres máximos goleadores de la historia de Boca.

30
Le faltan al 9 para ser el más golea- dor en la historia de Boca (Cherro: 218). Haciendo 6 alcanzará al 2 (Varallo: 194).

Fuente Clarín

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